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LA TEOLOGÍA CATÓLICA SIN EL PECADO ORIGINAL

Actualizado: 8 nov 2022


LA TEOLOGÍA CATÓLICA SIN EL PECADO ORIGINAL

Por: Mario Martínez Herrera


El propósito de este escrito es demostrar que la existencia del pecado original es un tema teológico fundamental dentro de la Doctrina de la Iglesia Católica, es decir, que no podríamos establecer una ilación teológica de la historia de la salvación sin el tema del pecado original, dado que este tiene un sustento en la verdad revelada, en la tradición de la Iglesia sostenida en el Magisterio y evidenciada en la antropología del ser.

Para lograr dicho propósito hemos decidido utilizar el método hegeliano, que consiste en establecer una tesis, luego una antítesis y finalmente, concluir con una síntesis de todo lo analizado respecto al tema en cuestión

Inicialmente partamos de la premisa de que la Teología católica puede plantearse sin el pecado original, para esto esbozaremos algunos temas preponderantes respecto a Dios, al hombre y al pecado, y luego de esto podremos responder positivamente o negativamente al planteamiento inicial con otras proposiciones.

Con la finalidad de desarrollar ordenadamente este escrito dividiremos la temática en tres ejes fundamentales para darle respuesta a la tesis, de la cual inferiremos la antítesis. Estos ejes principales son:

1. El Estado Originario

2. La Caída Original

3. El Pecado Original[1]


El Estado Original


En un primer momento, se hace necesario analizar el Estado original, partiendo de la verdad revelada en el libro del Génesis 1, 1 que expresa que “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”, esto significa que todo fue creado por Dios, por su palabra poderosa, respecto a esto, nos dice Cardenal Schonborn que “todo lo que existe, la totalidad de la realidad tiene a Dios como origen. El mundo es creado no es su propio fundamento”. El desconocer y olvidarse de este aspecto personal de la creación es ya una consecuencia del pecado original. Con esto evidenciamos que ya desde las raíces humanas de la ignorancia y del olvido de su origen creador es una manifestación del pecado original, que podríamos resumirlo como una ruptura de la dependencia de la creatura con su Creador. Todas las verdades de la fe presuponen a este primordial principio de que Dios ha creado el cielo y la tierra.[2]

Cabe considerar que, así como el origen del mundo y del hombre no tienen origen en sí mismo, tampoco tiene su fin en ellos, sino en otro y este es en su Creador. Por tal motivo la creación, no es autorrealización, sino que su fin está dado por su Creador porque Él vio que todo lo que había hecho era bueno.[3]

En este sentido, el hombre, como creatura de Dios, invitado a la mayor de las perfecciones, se sitúa en la creación en un lugar privilegiado y, de igual modo, participa de la realidad creatural, es decir, que “nosotros no somos nuestro propio origen, tampoco somos nuestro propio fin. Nuestro origen es también nuestro fin, nosotros procedemos de Dios y estamos encaminados hacia él y para él”[4] señala el Cardenal.

Respecto a este tema, nos dice el teólogo Rudolf Bultmann que “la vida del hombre es una vida dirigida permanente hacia el futuro, pues el hombre está siempre en camino, nunca instalado en un momento presente en el que pueda sentirse satisfecho”[5] y esta satisfacción no se haya en sí mismo, sino que debe tender siempre al bien exigido y este se encuentra en el Creador.

En un segundo momento, consideremos el hombre en el paraíso. La Palabra de Dios revela que el hombre fue creado no solo bueno sino “muy bueno”[6]. Tomando en cuenta esto, podemos inferir que entre el hombre y Dios existe una íntima comunión no otorgada a otra creatura. El hombre fue obsequiado de una incomparable confianza en Dios, que es en otras palabras, el bienaventurado “Estado Originario” del hombre, lo cual llama el lenguaje de fe de la Iglesia la originaria santidad y justicia del hombre.

En este sentido, para afinar este primer apartado, se puede resumir que el Estado originario del hombre consiste en:

· Una amistad con Dios y un estado de gracia.

· Fortalecimiento de todas las dimensiones de la vida humana, esto es, cuerpo armónico y alma dócil. Siendo mortal por el cuerpo, pero sustraído del poder de la muerte por Don de Dios. Según el Qohelet la integridad del hombre se resume en autenticidad, pues “Dios hizo al hombre auténtico”[7]

  • La relación del hombre y la mujer era el reflejo de la confianza en Dios.

  • El dominio sobre la creación producto de la confianza en Dios.

  • La cuádruple armonía: con Dios, consigo mismo, con el prójimo y con la tierra.

  • La unidad del género, es decir, que dicha unidad no excluye la variedad de los hombres, pueblos y culturas, pero estas diferencias se dan dentro de una familia humana, en la cual los hombres no es que se harán hermanos, sino que ya lo son. Todos somos hijos de Eva y tenemos a Adán por padre. Esto es, la común naturaleza del hombre recibida en un mismo origen.

Considerando lo anterior respecto al Estado original del hombre, podemos propugnar que todo lo antepuesto el hombre lo pierde con el pecado original.


Desde esta premisa podemos ya concurrir la antítesis de que en la Doctrina Eclesiástica Católica es fundamental la Teología el Pecado Original. Pero, sigamos considerando razones suficientes para nuestro análisis.


La Caída Original


En un tercer momento, se hace necesario vislumbrar lo ocurrido después del Estado original, y este es el que, se llama la Caída original, tema que se relaciona con el mal, el cual no se origina en la creación sino en la libertad de la creatura, pues no es parte de la historia de la naturaleza sino de la historia de la libertad, nos dice el Cardenal Christoph Schonborn.

En este orden de ideas, el pecado original se relaciona con la Caída original, y esta consiste en que una única acción libre mala lleva tras de sí para todos los hombres de todos los tiempos las repercusiones de esta. No solo consecuencias negativas como debilitamiento y muerte, sino que todos los hombres por esta única acción tengan que estar en un estado de culpa, llamado “Pecado original”.

Dicho de otra manera, la caída original, es que el hombre desde una acción libérrima, opta por fragmentar la comunión con Dios, y esto, por medio de la desobediencia, la rebeldía, y obstinación, sin considerar las consecuencias de la pérdida de su estado primordial, que, en otras palabras, se puede llamar “alienación”.

Respecto a esto nos señala la Constitución Pastoral Gaudium et Spes que la profunda miseria del hombre alienado, es parte de la caída original, para la cual nos expresa lo siguiente

Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios. Obscurecieron su estúpido corazón y prefirieron servir a la criatura, no al Creador. Lo que la Revelación divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación.[8]

No obstante, dentro de la Caída original se ubican tres puntos indispensables para comprender la misma que serían:

1. El acreditamiento: El hombre en decisión libre debía dar su asentimiento del regalo de la amistad con Dios.


2. El pecado originario: Es el rechazo de la indicación de uso. Adán rechazó para sí y para el mundo la indicación de uso. Esto es, un no querer oír, una desobediencia, es un no querer escuchar; es escuchar a otro, al tentador.


3. Las consecuencias: Se centran en la pérdida. Primero, pérdida de la amistad con Dios (fuente de todas las fatigas). Segundo, miedo ante Dios. Tercero, ruptura de la armonía de cuerpo y alma; y la discordancia entre hombre y mujer. Cuarto, la culpabilidad. Quinto, la dialéctica de la concupiscencia. Sexto, desarmonía de la relación con la creación. Séptimo, la muerte que Dios no quiso.


Reflexionando lo anterior expuesto en la Caída original, de igual manera se sigue sustentando, ineludiblemente, la antítesis de que en la Doctrina Eclesiástica Católica es fundamental la Teología el Pecado Original por las razones en este apartado vistas.


El Pecado Original


En este punto se hace fundamental el tema de la transmisión del pecado originario. En ese sentido, “el pecado original, en Adán es pecado personal, en todos sus descendientes no es ninguna culpa personal, por eso, en comparación con nuestros pecados personales es pecado en un sentido analógico” manifiesta el Cardenal Schonborn.

Asimismo, el pecado original como todo pecado es una deficiencia, pero una deficiencia heredada. Santo Tomás lo llama un peccatum naturae[9], que “es una deficiencia transmitida en la naturaleza humana. Todo hombre es nacido en estado deficiente, pues él recibe el ser humano en estado de deficiencia, en el cual el pecado de los primeros padres es heredado en la naturaleza humana”.

En consecuencia, el pecado original es pues, la perdida de la amistad con Dios que fue regalada originariamente al hombre “de la santidad y la justicia recibidas de Dios, que, según el relato del libro del Génesis, Adán perdió no solo para sí sino también para nosotros.

En este sentido, Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica[10] expresa en la solución 1, 2 que “por el bautismo se limpia uno del pecado original, en cuanto a la culpa, y el alma en su parte espiritual recupera la gracia”.

Todo lo anterior planteado reafirma lo propuesto en la antítesis y es que, en la Doctrina Eclesiástica Católica es fundamental la Teología el Pecado Original por las razones en este apartado vistas.


Propuestas a Modo de Conclusión


En síntesis, considerando el método hegeliano antes mencionado, podemos concluir, que, en definitiva, la teología de la iglesia católica sostenida en la base de la revelación, la tradición, y el Magisterio tiene como punto referente el tema del Pecado original.

De manera esquemática podemos finalizar con los siguientes puntos:

1. La realidad del estado de la miseria mortal en que nacen todos los hombres, lleva a deducir la existencia de la causa de la transgresión al paraíso. Esto lleva a la construcción de la economía de la salvación recibiendo su legitimación de la revelación del pecado primordial.


2. Desde esta configuración, todos necesitan ser salvados, o sea que, el dato fundamental en la revelación es Cristo, que se revela como aquel a quien todos necesitan para ser salvados, esto invirtiendo la perspectiva del pecado originario.


3. Desde la Doctrina de la Iglesia, el hombre es incapaz de amar a Dios sobre todas las cosas sin la gracia, para lo cual necesita a Cristo, porque sin la gracia el hombre no tiene la fuerza suficiente para adoptar su papel filial, ni tampoco la capacidad para dialogar con Dios.


4. La realidad de la culpa introducida por la miseria humana como causa de las tribulaciones que oprimen al hombre. Las cuales son fruto del océano de culpas en la cual el primer acto tiene una importancia especial.


5. El dogma del pecado original no puede ser tratado aisladamente, se necesitan algunos temas para comprenderlo en su totalidad, que son:


a. La universalidad de la llamada de Adán es mirada primariamente con vista a Cristo. Lo poderoso de la obediencia de uno para la salvación de todos, abre la comprensión de este misterio salvífico en Cristo.

b. Desde Santo Tomás se comprende al género humano, como un solo hombre. Expresa la siguiente “Todos los hombres que nacerán de Adán, pueden ser considerados como un único hombre, en cuanto que entran en la naturaleza que han recibido del primer padre”, lo que lleva a entender que en la acción de Adán todo el cuerpo se vuelve culpable y no solo la cabeza.

c. La analogía de la fe nos puede ayudar para comprender más profundamente la vocación de un hombre para todos.

d. El nexo de los misterios. El pecado original se comprende a la luz de:

  • Cristo, como fuente sobreabundante de Gracia, para medir el sobrepeso del pecado de Adán.

  • La praxis del bautismo de los niños, desde los primeros tiempos de la Iglesia.

  • “Se podría interpretar el pecado original como el estado de la inicial no pertenencia al pueblo de Dios” según Robert Sperman. Entendiendo esto, como la falta de unidad causada por el pecado original.

  • No existe ningún orden social perfecto, según la Iglesia, precisamente por la herida del pecado original.

  • A través de la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que durará hasta el día final. Ante dicha pelea el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien y solo a costa de grandes esfuerzos con la ayuda de la Gracia de Dios, podrá establecer la unidad en sí mismo.


En fin, la doctrina del pecado original es el reverso de la buena nueva en Cristo, porque esta buena nueva va dirigida a todos, pues todos la necesitamos, es imposible lesionar la doctrina del pecado original sin dañar el misterio de Cristo. El Génesis, aunque no es histórico narra un hecho primordial. [11] Lo que finalmente nos ayuda a confirmar nuestra síntesis de este escrito y es que, en definitiva, la teología de la iglesia católica sostenida en la base de la revelación, la tradición, y el Magisterio tiene como punto referente el tema del Pecado original.




Referencias Bibliográficas


· Biblia de Jerusalén. Editorial Desclée de Brouwer.


· Constitución Pastoral Gaudium et Spes Sobre La Iglesia en el Mundo Actual.


· Flick, M., Alszeghy, Z. 1981. “ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA”. Ediciones Sígueme. Salamanca, España.


· Flick, M., Alszeghy, Z. 1972. “EL HOMBRE BAJO EL SIGNO DEL PECADO – TEOLOGÍA DEL PECADO ORIGINAL”. Ediciones Sígueme. Salamanca, España.


· Millás, José María. 1989. “PECADO Y EXISTENCIA HUMANA”. Editorial Herder. Pág.: 236. Barcelona, España.


· Santo Tomás de Aquino. 1954. “SUMA TEOLOGICA – Tratado de los hábitos y virtudes en general (1-2 q. 49 -70) – Tratado de los vicios y los pecados (1-2 q. 71 -89). Tomo V. Editorial Biblioteca de Autores Cristianos.



· Schonborn, Christoph. 2001. “SOBRE EL PECADO ORIGINAL”. Editorial: EDICEP. Traductor: Miguel Antolí. Madrid, España.





[1] Cfr. Schonborn, Christoph. 2001. “SOBRE EL PECADO ORIGINAL”. Editorial: EDICEP. Pág.: 70. Traductor: Miguel Antolí. Madrid, España. [2] Cfr. Hch 14, 14 -18. [3] Cfr. Gn 1, 10. [4] Cfr. Schonborn, Christoph. 2001. “SOBRE EL PECADO ORIGINAL”. Págs.: 72 -73. [5] Millás, José María. 1989. “PECADO Y EXISTENCIA HUMANA”. Editorial Herder. Pág.: 236. Barcelona, España. [6] Cfr. Gn 1, 31 [7] Cfr. Qo 7, 29 (Eclesiastés). [8] Constitución Pastoral Gaudium et Spes Sobre La Iglesia en el Mundo Actual. N 13. [9] Cfr. S. Th. I – II. Q. 81, a. 1. [10] Cfr. S. Th. I – II. Q. 81, a. 3. [11] Cfr. C.E.C. 389 – 390.


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